La sexualidad humana no tiene comparación con el resto de la naturaleza. Aprendimos que la “racionalidad” era lo que nos distinguía a los humanos del resto de animales. Sin embargo, nos explica Casilda Rodrigañez en su obra “El Parto Orgásmico”, lo que más nos distingue es el gran desarrollo de nuestra sexualidad.

Cuando la hembra humana adquirió la posición bípeda, el útero quedó a merced de la fuerza de la gravedad y se hizo necesario un perfeccionamiento específico para el cierre y apertura del útero. No era una característica cualquiera de la especie; sino un cambio imprescindible para no desaparecer. Por eso, la actividad sexual que supone el parto (que tiene bases neuro-endocrino-musculares similares en todas las mamíferas) se tuvo que hacer más intensa: más fibras musculares, más terminaciones nerviosas, más actividad fisiológica y sexual para cerrar y abrir el cuello del útero. Así pues, parece que la clave está en la sexualidad femenina.

 

El órgano sexual femenino es el Útero, no la vagina

En la antigüedad se conocía perfectamente la función sexual y erógena del útero. Con el tiempo y por “errores de traducción” se nos presentan los dos órganos sexuales, el masculino, el pene y el femenino, la vagina, en vez de útero que sería lo correcto en el caso de la mujer. Se afirma también que la sexualidad femenina tiene orgasmos clitoridianos y vaginales. Sin embargo, poco se habla del cérvico-uterino, con origen en el cuello del útero, que además difiere de los otros en mucha más intensidad, profundidad, calidad, ritmo y sobre todo en extensión, pues termina por abarcar el cuerpo entero. El útero es el centro del sistema erógeno de la mujer y actúa como una caja de resonancia del placer, la vagina es el canal que conduce al verdadero órgano sexual de la mujer, el útero. El principal actor en el parto.

También hay otra prueba del parto como acto sexual y es el protagonismo de la “hormona del amor”, la oxitocina, que tiene un papel esencial en el parto, corroborado por los receptores de oxitocina existentes en las fibras musculares uterinas. De hecho para inducir artificialmente un parto se utiliza oxitocina sintética! En un proceso fisiológico natural, la oxitocina la segrega la madre y el feto cuando llega a término,  al parecer la iniciativa la toma el bebé y la madre responde.

La oxitocina se segrega de forma pulsátil, rítmicamente, como el latido del placer, y es lo que pone en marcha el sistema neuro-endocrino-muscular del parto, es otra prueba de que la fisiología natural del parto debe responder al placer y no el dolor.

Por: Nany Jiménez
La Mujer con Éxito
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Humanizando la vida
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