Para determinar si tenemos alguna cualidad que nos pueda catalogar de imprudentes, es necesario que tengamos en cuenta que la imprudencia es sinónimo de indiscreción, desacierto, despreocupación, irreflexión, descuido, imprevisión y pare usted de contar… por lo que una persona imprudente tendrá las cualidades de ser alocado, atrevido, atolondrado, necio, irreflexivo, desatinado, indiscreto, hablador, por mencionar solo algunas.

Ante tan alarmantes cualidades, mi primera reacción es concluir que jamás podría ser una persona imprudente, ya que mi mamá me dio una muy buena educación y siempre he procurado ser atinada, reflexiva y discreta en los comentarios que voy a hacer… pero un grillo comienza a tocar mi cabeza y afloran vagos recuerdos de momentos, que confieso, preferiría borrar… Como cuando de adolescente sentada en una fiesta con otras amigas, se presentó un chico que extendió la mano para sacarme a bailar y cuando me estoy parando con una espléndida sonrisa (por aquello de mi gran educación), me doy cuenta que no era conmigo sino con una de las amigas que estaba a mi lado y que además, el muchacho era su novio, cosa que no había percibido por andar de atolondrada, pero claro que lo disimulé fingiendo que iba al tocador.

Otro de mis recuerdos fue cuando varios amigos decidimos encontrarnos para ir al cine y a lo lejos veo a uno que viene de la mano con su mamá, la verdad me pareció tan tierno como un hombre joven decide compartir con su progenitora, que apenas lo tuve cerca lo saludé y educadamente le digo que me parece hermoso que viniera con su “mamá” y cuando veo que la cara de la mujer se tornaba en todas las tonalidades existentes entre rojo, verde y azul entendí que había sido un tanto desatinada, o sea imprudente, porque la mujer entradita en años era la novia de mi amigo. Pero como para colocarle la guinda al postre, recuerdo que ese mismo día me consigo con una conocida y por educación, le pregunto por su esposo y la mujer rompe en llanto sin pronunciar palabra y lo único que se me ocurre decirle es si se había divorciado del desgraciado hombre ese (que la verdad era absolutamente insoportable) y más alterada se pone, solo para aclararme que se había muerto!!!

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Que terrible como afloran estos recuerdos y en definitiva no puedo dejar de pensar que cuando mi hijo iniciaba en su colegio decido que debo involucrarme con toda esa nueva dinámica de maestras, compañeritos y mamis, por lo que me postulo como Delegada de Curso, llega Diciembre y la primera gran actividad en donde las Delegadas tenemos que lucirnos es organizando la famosa Pijamada que termina al amanecer con la entrega de los regalos, para eso las Delegadas teníamos que saber exactamente cuántas niñas y cuántos niños eran por salón para comprar el mismo regalo a las nenas y los chicos. Así, que un poco ansiosa de reunirme con un grupo de madres totalmente desconocidas, empezamos a hacer la revisión de la lista de alumnos por grado cuando me consigo con un nombre que materialmente no sabía si era de un niño o una nena, por lo que con mucha educación pero con voz “sobrada” (esa voz que uno usa cuando cree que se las sabe todas más una), sólo por aquello de integrarme y de mostrar mis potencialidades cuando me involucro en cualquier actividad, digo… “tocará preguntarle a la maestra porque la verdad que este nombre es horrendo y no se entiende si es niña o niño” y…tomándome totalmente de sorpresa otra Delegada, por cierto no tan grata ni querendona como ésta servidora, dice… “ESE ES MI HIJO”, se imaginarán que aquella mega imprudencia era lo único inimaginable que podía pasarme ese día, así que tragué fuerte y entre tratar de justificar y borrar lo dicho, pues la cosa pasó y rápidamente me incorporo a seguir revisando la lista de otro salón y, como protegida por la Divinidad, encontré el nombre que me salvaría!! se me ilumina la cara  el corazón se me salta, siento que estoy al final del arcoiris y alzando la voz para que TODAS las mamás escucharan y así tratar de remediar mi imprudencia anterior digo “Queridas, ahora sí, busquen a la maestra porque éste otro nombre de verdad que es de terror y ni idea si es niña o niño”, pero casi inmediatamente la MISMA mamá dice con un tono que denotaba un tanto de molestia…sólo un tanto… “ESE ES MI OTRO HIJO” pero por Dios Santo Bendito, como tan nueva en el colegio me había metido en esto?? Así que, con la educación que me caracteriza, sólo me quedó preguntarle… ¿Tu tienes más hijos?

Meditando entre mis recuerdos y la relación que tal vez tengan con el término imprudencia, debo concluir que en el fondo no es que sea imprudente, no no no, lo que realmente soy es muy educada, porque no puede ser coincidencia que todas las imprudencias surjan por mi educación, por lo que la culpa no es exactamente mía sino de mi mamá…

Y cuáles son tus imprudencias? como lo dije desde mi primer artículo anímate a reírte hasta de ti misma, emprende el cambio a una vida alegre que hasta nuestras imprudencias pueden ser una ventana para relacionarnos con nuevos grupos o con aquellos en donde a pesar de que ya tenemos tiempo formando, como son los laborales o de estudio, nos ha costado un poco más la interacción. Anímate y comparte tus historias y así nos reímos juntas, te espero la próxima semana.

 

Por Liliana Valdivieso Caraballo

La Mujer con Éxito

Creadora de: Divina Locura

Abogada, Facilitadora, Coach PNL, Adicta a Sacar Sonrisas

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