40 semanas no es la fecha límite de un nacimiento ni la fecha de vencimiento de un embarazo, es una referencia para ir evaluando el progreso del bebé. El embarazo normal dura entre 38 y 42 semanas, siendo este el tiempo en que se considera que el bebé puede nacer y garantizar su supervivencia extrauterina, un nacimiento entre estas semanas se le conoce como “a término”.

Con frecuencia se habla de los riesgos de que el parto “se atrase”, cosa absurda por demás, pues los partos no se “atrasan”, se desencadenan naturalmente cuando deben ocurrir, aparentemente es el bebé quien toma la iniciativa y la madre reacciona al estímulo, pues hasta ahora la ciencia no logra descubrir qué origina el parto en sí.

Sin embargo, después de la semana 37 se suelen resaltar los aspectos riesgosos que podrían rodear el parto, entonces se habla de macrosomía, disminución del líquido amniótico, envejecimiento de placenta, riesgo de líquido meconial, entre otros aspectos todos patológicos que primeramente deben ser correctamente diagnosticados, que son controlables con seguimiento en la consulta prenatal, pero que además podrían efectivamente representar causas totalmente justificadas para procedimientos de emergencia.

No obstante, en la actualidad sorprende el alto índice de inducciones y cesáreas programas que hay, en América el promedio de cesáreas es del 35,6% (En Brasil y Rep. Dominicana rodea el 40%), y aunque ciertamente la cesárea salva vidas, es sólo en los casos en que son verdaderamente necesarias por emergencias obstétricas.

Mientras más tiempo esté el bebé en el cuerpo de su madre, si mamá y bebé están bien al final del embarazo (que son la gran mayoría de los casos) mejores serán sus condiciones de madurez y esto le traerá más beneficios a corto, mediano y largo plazo. Incluso si la vía de nacimiento elegida es la cesárea, lo más sensato sería esperar a que se inicie la labor de parto, de este modo estaríamos seguros que el bebé está listo para nacer y no programar de manera arbitraria una inducción o cesárea simplemente porque creemos que “ya fue suficiente tiempo”, sin considerar si al bebé le faltaba tiempo para madurar óptimamente.

Pero extrañamente, si no hay un caso franco de prematuridad, no se habla de los riesgos de que un bebe nazca “adelantado” dentro del tiempo que se considera “a término” si se aplican inducciones o cesáreas programadas sin justificaciones reales. Y sí que hay riesgos!!!

En una trabajo reciente sobre “Tiempo de nacimiento y salud infantil” en España, las investigadoras concluyeron que el aumento en la incidencia de partos programados se tradujo en un aumento en la tasa de hospitalizaciones de los recién nacidos, lo que sugiere complicaciones de salud durante los primeros meses de vida.

Así mismo, un estudio inglés del 2010 revela que por cada semana antes de cumplir las 40 que se extraiga al bebé, aumenta el riesgo de que en la edad escolar tenga dificultades serias con el aprendizaje. Nacer en las semanas 37-39 duplica el riesgo. El estudio revisó los datos de 407.503 niños y los contrastó con los datos de nacimiento. Esto se relaciona con un estudio realizado en Florida que analiza la relación entre el peso al nacer y los resultados escolares. En dicho estudio encuentran que los niños que pesaron 3 kg al nacer se situaban en el percentil 46 de la distribución de notas en primaria, comparado con el percentil 57 para los niños de 4.5 kg, esto cuestiona el argumento de obstetras que programan inducciones o cesáreas superados los 2,5 kg. de peso o las 39 semanas de gestación para evitar macrosomía.

En una entrevista en 2015, la Dra. Ibone Olza doctora en Medicina y especialista en Psiquiatría infantil, neurociencia perinatal y profesora de la Facultad de Medicina de la Univ. de Alcalá, explicó que “en algunos experimentos con mamíferos se ha comprobado cómo algunas consecuencias de la manipulación neurohormonal en el parto se manifiestan sólo al llegar a la edad adulta”. Además indicó que “en un parto inducido es más alto el riesgo de parto instrumental y de infección… Desde el punto de vista psicológico, ya hay evidencia de que la inducción de parto aumenta el riesgo de que el bebé tenga un trastorno del espectro autista. Y según en qué semana se produzca la inducción, puede aumentar el riesgo de otros trastornos del aprendizaje, que normalmente sólo se detectan al llegar a primaria, cuando ya nadie los relaciona con lo que sucedió en el parto. A eso hay que añadir las secuelas de por ejemplo pasar las primeras horas de vida separado de la madre, de que se dificulte la lactancia materna o de estar ingresado en neonatología, experiencias todas ellas que pueden afectar mucho al desarrollo del vínculo y a la salud mental de por vida”.

Definitivamente hay que dejar la prisa para que los bebés nazcan y plantearse el riesgo-beneficio ante la programación de un nacimiento no natural. Si el beneficio es la vida de la madre y/o su bebé, la inducción y la cesárea será una bendición. Si el beneficio es comodidad, conveniencia o economía para el personal sanitario o la familia, entonces estamos dejando de lado los beneficios del bebé que deberían ser la prioridad.  Es una problemática multidimensional, no hay juicios ni criterios definitivos, solo hay mucho que reflexionar y transformarnos como humanos.

 

Por: Nany Jiménez

La Mujer con Éxito

CEO y creadora de: Humanizarte

Humanizando la vida

Mujer, Madre, Doula, Comunicadora, Emprendedora

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