Alguna vez te has preguntado ¿cómo puedo cambiar mis sentimientos? Quizás eres de las que ha pensado que al ignorar lo que sientes ¿automáticamente puedes cambiarlo? Suena simple, la realidad es otra. Es muy común escuchar de mis pacientes en terapia “si solo pudiera cambiar lo que siento” o “vine a terapia para cambiar esta emoción” Lamentablemente, las emociones como la materia “no se destruyen solo se pueden transformar” y para que esta transformación ocurra los sentimientos tienen primero que ser ampliamente reconocidos, expresados y aceptados. Voilà la fórmula mágica!

Lo primero que debemos entender es que, como bien lo expresó el  famoso psicólogo suizo Carl Jung  “Lo que Resistes, Persiste” Pero  ¿Qué es lo que realmente  resistimos? Y ¿Qué significa que “Persiste” en nuestras vidas?  Generalmente tendemos a “Resistir” todos los aspectos de nuestra personalidad que nos negamos a aceptar abiertamente o que consideramos negativos o “malos” de una forma u otra.

Para poder analizar el impacto de ciertas emociones debemos primero entender a que nos referimos en Psicología como Personalidad y como esta nos tiende a definir. La palabra Personalidad viene del Griego “Personare” que significa “Sonar a través de”.  En el antiguo teatro griego los actores usaban mascaras para representar los diferentes personajes en los que se convertían. De la misma forma, desde  niños creamos diferentes “mascaras psicológicas” para reflejar lo que el ambiente demanda de nosotros, lo que se “espera que debemos ser”.

Nuestras personalidades se empiezan a formar adaptándose al ambiente que nos rodea, en nuestras casas, en las escuelas etc. Y esto empieza a definir lo que es aceptado como correcto y que no, lo que se considera una cualidad exitosa y la que no.  Internamente empezamos a clasificar y caracterizar nuestras acciones y emociones en función de lo que es socialmente considerado como bueno o malo.

foto-2-articulo-1-handEn cuanto a las emociones, generalmente la tristeza, el enojo y el miedo tienden a ser consideradas como negativas por la sociedad,  y por lo tanto caen directo en la lista negra de lo que “resistimos”. Sin embargo, esta resistencia o negación de la expresión de los sentimientos que corresponden  los hacen mucho más fuertes.

En realidad, es como una olla de presión, mientras más los negamos, ocultamos (muchas veces hasta de nosotros mismos) o nos esforzamos por cambiarlos, más fuertes los hacemos. Acumulamos toda esa presión hasta que en algún momento, generalmente cuando menos te lo esperas, explota en forma de un arranque de ira, ataque de pánico, ansiedad o depresión. Eso sin considerar la forma en la que se manifiestan subconscientemente en nuestro cuerpo como enfermedades o pequeñas acciones en el día a día como contestarle mal a alguien que no tiene nada que ver con nuestro enojo, comer de más para llenar la tristeza emocional o sobre-compensar los miedos actuando arrogantemente de forma que nadie pueda sospechar nuestras inseguridades.

foto-4-articulo-1-emoticonsLo que resistimos nos controla continuamente, la buena noticia es que aunque no podemos cambiar lo que sentimos, si podemos cambiar nuestra actitud al respecto. El primer paso es estar consciente de lo que sentimos y luego aceptarlo dándole un camino para la expresión de forma sana y positiva. En próximos artículos estaremos explorando diferentes ejemplos de cómo reconocer emociones reprimidas en diferentes situaciones y cambiar nuestra actitud para minimizar los impactos negativos de estas en nuestras vidas.

¿Y tú, cuáles son las emociones que más quisieras “cambiar”? comparte  por mis redes sociales Instagram, correo o Facebook para ayudarte con esa transformación en mi próxima entrada.

Por: Aisha Rachel Paez

La Mujer con Éxito

Psicóloga, Psicoterapeuta, Coach e Ingeniero

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