Cuando en una oficina se comparte con muchas y diversas personas, los Jefes entusiastas que abogan por la unión del equipo para lograr armonía y mayor productividad, usualmente deciden emprender los cambios que sean necesarios para lograr el éxito y la tan ansiada unión entre todos, si a esto le sumas que a excepción del Jefe el resto del equipo son mujeres, pues la cosa va pasando por un cromatismo que va desde el rosa y quizás termine en morado.

Me contaba la amiga de una amiga de otra amiga, que en su oficina llegó un nuevo Jefe, joven, entusiasta y como toda “escobita nueva” quería demostrar su eficiencia logrando la unión entre el mujerero que le tocaba gerenciar. Así, junto con el Jefe de Recursos Humanos, que por cierto también era un hombre, se les ocurrió la genial idea de pasar un fin de semana en la playa, apostando a que la brisa marina, el sol, las conchas de mar y algunas actividades dirigidas a la unión y el trabajo en equipo rindieran su fruto…

El viernes comenzaba la faena cuando todas debían llegar preparadas para el paseo-laboral, María llegó con la cara hinchada, párpados de boxeador después del combate y los ojos rojos que impresionaban, pero no tanto como la narración de la historia contada como mil veces, cada vez que llegaba una nueva tripulante al paseo-laboral, en  donde cada vez describía detalladamente como era ésta la primera vez que dormiría sin su “Pequeñín”, que le tocó preparar el equipaje a escondidas para que no se diera cuenta de su inminente partida y su gran mortificación porque la vecina era quien velaría por Pequeñín, su adorado gato!!!! La última en abordar con bastante retraso fue Vanesa quien literalmente arrastraba una maleta de por lo menos 25 kilos, dos almohadones inmensos, edredón y maletín de maquillaje a reventar, quien apenada explicaba que ella no sabía viajar ligero, que dormir sin sus almohadones y edredón de Barbie era absolutamente impensable y que hasta en la playa debía maquillarse porque de lo contrario ni ella se reconocería…

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Continúa contándome la amiga, de una amiga de otra amiga, que el heterogéneo grupo de féminas fueron recibidas cual Princesas en el Hotel Playero, alegría que resultó fugaz porque comenzó la diatriba de cómo conformar a las compañeras de cuarto, todas pretendían sufrir de demencia temporal, es decir, se hacían las locas para que no les asignaran a María que entre sorbo y sorbo del trago de bienvenida seguía sollozando por Pequeñín, tampoco querían compartir con Carmen y su obsesión por cronometrar y hacer listas de cualquier actividad del día, incluido el horario para hacer sus necesidades fisiológicas (léase del número 1 ó 2), esquivaban  a Juliana y su exagerado entusiasmo, quien durante todo el camino sólo exclamaba que volverían a dormir cuando regresaran a la rutina, que a las 3:30 a.m. era la mejor hora para meditar y que todas a las 5 a.m. disfrutarían de trotar en la arena… Tampoco querían compartir con Daniela que lo único que hacía era tomar fotos de todo y de todas, publicándolas inmediatamente en  las redes sociales existentes, algunas hasta temían que las sorprendieran tomándoles fotos en el baño o dormidas y fueran de la vista pública en el ciberespacio.

Después de todo tipo de cálculos, lograron consenso y todas estaban ubicadas y emprendieron las actividades dirigidas a lograr los tan ansiados cambios que catapultarían el éxito y la unión laboral de todas en un solo equipo, o al menos esa era la apuesta del jefe… Siguió contándome las diversas actividades que hicieron hasta que llegaron a la principal que fue la búsqueda de un tesoro y así mientras ella sólo destacaba las debilidades del grupo, yo sólo visualizaba como cada una ponía en práctica su supuesta debilidad haciéndolo con suma alegría, la chica de las fotos se destacó por su capacidad de observación y del manejo del Internet, Carmen  sobresalió por su capacidad organizativa, de liderazgo y hasta del manejo del tiempo, María (la “madre” de Pequeñín), se destacó por lo cuidadosa y delicada en la actividad asignada, Juliana fue sin duda alguna la gran  motivadora del equipo y hasta Vanesa sobresalió por aportar herramientas necesarias para conseguir el tesoro, las cuales como era de esperarse estaban en su voluminoso equipaje.

Al final, solo la amiga, de una amiga de otra amiga, fue la que no tuvo un mayor aporte en el paseo-laboral, se quedó solo en la crítica, no valoró las grandes capacidades con las que contaba tan heterogéneo grupo de mujeres y como el unirse con una actitud alegre les dejó un gran triunfo… Y tú, ¿dónde te ubicas?, ¿de qué lado de la historia te gustaría estar?

Una vez más te invito a emprender un cambio en tu actitud, revísate, ríe y triunfa. Decídete a lograr tu mejor emprendimiento siendo una mejor persona, busca tus capacidades, explótalas y cuéntanos como te sientes a través de mis redes sociales… hasta la próxima semana.

Por Liliana Valdivieso Caraballo

La Mujer con Éxito

Creadora de: Divina Locura

Abogada, Facilitadora, Coach PNL, Adicta a Sacar Sonrisas

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